La Guerra Civil Española y la Literatura

Como comentamos anteriormente, la guerra civil española fue verdaderamente una guerra global que sirvió como precursora de la Segunda Guerra Mundial. Si bien Estados Unidos nunca estuvo involucrado oficialmente en la guerra militarmente, muchos ciudadanos estadounidenses viajaron a España para unirse a la guerra de alguna manera. Algunos de estos estadounidenses incluyen a los famosos escritores Ernest Hemingway, George Orwell y John Dos Passos, cada uno de los cuales escribió novelas aclamadas por la crítica sobre la guerra. Estos escritores simpatizaban especialmente con el lado republicano porque lo veían como el partido del pueblo. Sus respectivas obras “Por quién doblan las campanas”, “Homenaje a Cataluña” y “Aventuras de un joven” están ambientadas durante la guerra y tratan temas similares.

 

La guerra también influyó mucho en los futuros titanes de la literatura española como Octavio Paz, Pablo Neruda y César Vallejo, quienes presenciaron de primera mano la destrucción y la violencia que se produjeron a lo largo de la guerra. Paz y Neruda incluso conocieron a Hemingway en una conferencia internacional de escritores celebrada en 1937 en España. Por lo tanto, la guerra, a pesar de tener muchas ramificaciones negativas, creó un lugar para que los jóvenes intelectuales se reunieran y discutieran sus pensamientos. Estas interacciones darían forma a la literatura durante el resto del siglo XX y, sin la guerra, quizás no tendríamos estas célebres obras de arte.

Los dejo con un poema de Cesar Vallejo titulado “Masa” que siempre me hace pensar:

“Al fin de la batalla,

y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre

y le dijo: “No mueras, te amo tánto!”

Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

 

Se le acercaron dos y repitiéronle:

“No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!”

Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

 

Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,

clamando: “Tánto amor, y no poder nada contra la muerte!”

Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

 

Le rodearon millones de individuos,

con un ruego común: “¡Quédate hermano!”

Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

 

Entonces, todos los hombres de la tierra

le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;

incorporóse lentamente,

abrazó al primer hombre; echóse a andar . . .”

 

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